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‘Simplemente G-Star’

G-Star

Se puede decir que Veinte no podía estar sin G-Star ni G-Star podía mantenerse al margen de Veinte ni una temporada más. Era cuestión de tiempo y oportunidad el encuentro. La firma, creada en tierras holandesas, se caracteriza por su tratamiento del denim, la innovación siempre en base al cuidado máximo de la calidad y por ofrecer un diseño rebosante de personalidad y carácter. ¿Tienes o no tienes unos G-Star?

G-Star nació en 1989 con el ambicioso objetivo de revolucionar la industria de la ropa casual, impregnándola de un toque sofisticado y urbano. Por su versatilidad, diseño y cuidado de la figura femenina y masculina, G-Star se ha convertido por méritos propios en una de las marcas denim más reconocidas del mercado mundial, hecho al que también han contribuido  modelos como Liv Tyler (hija del líder de Aerosmith, Steven Tyler), que fue icono G-Star.

La filosofía de la firma con sede en Holanda se basa en el lema ‘simplemente producto’, una clara declaración de intenciones: apuestan por sus innovaciones, la confección artesanal y los diseños únicos. G-Star también resalta por su conciencia medioambiental, una actitud fundamental en los tiempos que corren, y colaboran activamente reduciendo el consumo de algodón convencional y apostando por el ecológico.

En definitiva, llega a Veinte una marca que seguro no te dejará indiferente. Belleza, imagen y tacto muy distinto a lo que conoces. No podrás resistirte…

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Los siete tejidos capitales

Adquirir con acierto una prenda no sólo implica satisfacer cuestiones de moda o gusto, sino también la atención al tejido que más convenga a nuestras necesidades y pretensiones. Por ello, te contamos las características esenciales de los siete tejidos capitales que tienes tener en cuenta:

Lana: Utilizada como vestimenta humana desde el Neolítico, la lana destaca por su elasticidad, resistencia y flexibilidad. Este tejido natural, proveniente de la oveja, resulta un excelente aislante térmico, pues mantiene el cuerpo seco y fresco debido a que retiene muy bien la humedad. Además, es elástica, no se deforma y se arruga muy poco. Ningún otro tejido conserva la pureza de sus condiciones tanto tiempo como la lana. Eso sí, siempre y cuando las prendas sean cuidadas como merecen: lavado con agua tibia y sin retorcer y planchado con un paño húmedo para evitar brillos.

Algodón: Es un producto obtenido de la planta de algodón cuyo origen de uso puede estar en Oriente Próximo y el Valle del Nielo. Supone el 39% del consumo total de fibras textiles. Es fresco, de textura suave y cálida, además de un tejido muy confortable y resistente. Se arruga con facilidad, aunque existen tratamientos químicos para evitarlo. Es muy resistente al lavado.

Seda: Brillante, fina, suave, lisa y elegante. La seda es la reina de los tejidos de procedencia animal, privilegio que se acrecienta debido al misterio que envuelve al gusano de morera que la produce. Debe lavarse a mano para evitar su deterioro y planchar con sumo cuidado.

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Cachemir: Es uno de los materiales más nobles usados para la confección textil. Procede de la cabra de Cachemira, región entre la India y Pakistán. Es una fibra delicada, ligera y considerada de gran valor, precisamente, por ser su producción tan limitada. Al igual que la seda, ha de lavarse a mano y con agua tibia para así poder conservar todas las propiedades únicas que este tejido le confiere a las prendas de vestir.

Nailon: Fue la primera fibra sintética que salió al mercado. Entre sus propiedades, destaca la elasticidad, el bajo índice de absorción de agua y su resistencia.  A partir de los años 80 las grandes firmas comenzaron a mezclar el nailon con materiales como la seda o el algodón, otorgando a los tejidos resultantes las ventajas de lo sintético. Soporta muy bien el lavado, pero hay que cuidar el proceso de planchado.

Denim: Aunque su confección parte del algodón, debido al hito que supuso la llegada del tejido vaquero -hasta el punto de convertirse en la tela de mayor crecimiento de la industria-, el denim merece ser tratado con personalidad propia. Sus principales características son la resistencia, versatilidad y carácter. La prenda vaquera presume de ser la reina del casualwear. Y con razón.

Lino: Decir lino es sinónimo de frescura para las estaciones más cálidas del año. Puede fabricarse en diferentes escalas de grosor. Su superficie, muy fina, le confiere una suavidad muy destacada al tacto. Sus características de conservación son idénticas a las del algodón.

Vaqueros: símbolo de inmortalidad

Vaqueros

Jeans, tejanos, denim, vaqueros… muchos son los nombres de esta prenda nacida para resistir, impulsada como símbolo rebelde y universalizada con un básico de cualquier armario. Y dos son las teorías predominantes sobre su origen: ¿fue cosa de Levi Strauss o el tejido vaquero clava su génesis muchos siglos antes?

La historia que ha predominado sobre los primeros vaqueros sitúa a Levi Strauss como su creador a finales del siglo XIX. Sin embargo, si escarbamos un poquito más, descubrimos a estudiosos que afirman tajantemente que los pantalones vaqueros se remontan muchos siglos atrás como prenda utilizada por la armada genovesa. ¿Quién dispone de la razón? Pues ambos. Veamos:

En el siglo XII, Génova (Italia) era una república independiente y una gran potencia naval. Sus marineros necesitaron un pantalón resistente,  que pudiera usarse tanto en seco como en mojado y cuyas perneras se pudieran remangar fácilmente para no entorpecer la limpieza de las cubiertas y el nado. Había nacido el pantalón vaquero o fustán genovés, elaborado con algodón originario de Al-Fustat (Egipto). ¿Y el color azul que hoy sigue siendo tan característico? Los marineros lavaban sus pantalones con agua de mar, utilizando las propias redes de pesca, lo que los dejaba blancos. Así, comenzaron a teñirlos con un producto indio que se denominó azul índigo. Los barcos ingleses que hacían escala en este puerto exportaron a todo el mundo el tejido, que pasó a conocerse como “Blue de Genes” (azul de Génova), una denominación que en los países anglófonos derivó al blue jeans. El término denim, por su parte, viene porque una de las zonas que más confeccionaba los vaqueros era la francesa Nîmes, por lo que la gente acostumbraba a decir que eran prendas “de Nîmes”, pronunciado “denim”.

Ya en 1870, Levi Strauss, un comerciante de telas afincado en San Francisco, pensó en utilizar las lonas que vendía para tiendas de campaña con el fin de hacer ropa de trabajo dedicada a los mineros, prendas que resistieran la intemperie y las duras condiciones de estos trabajadores. Un sastre cliente de Strauss, Jacob Davis, remachó con cobre los puntos de máxima tensión de los pantalones, al tiempo que le propuso patentar la idea. Así, el 20 de mayo de 1973 consiguen la misma y se ponen a fabricar pantalones vaqueros de forma industrial por primera vez en la historia.

Levi Strauss Overalls

Destinados a mineros y agricultores, no fue hasta la década de los 50 cuando, en virtud de servir como símbolo de rebeldía e inconformismo para los jóvenes, los vaqueros salen del campo a la calle. Los inicios no fueron fáciles. Incluso, en aquellos años, algunas salas de cine estadounidenses prohibieron la entrada a las personas que vistieran unos vaqueros. Pero el éxito estaba a punto de explotar. En los 60 y 70 la influencia del contexto social y político de aquellos años en EE. UU. favoreció sin duda a que el vaquero se convirtiera por fin en un imprescindible.

Emblema de versatilidad, básico que siempre estará de moda por su usabilidad y carácter, nadie puede imaginar su vida hoy sin unos vaqueros pitillos o rectos, de caja alta o baja, rotos o desgastados…