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El diseño sobre ruedas

Brompton1

Si no tienes una Brompton es que no has conducido una bicicleta por ciudad. Este podría ser el lema de la marca británica nacida en 1976 y que debe su nombre a la iglesia Brompton Oratory de Londres, situada justo enfrente del apartamento de su fundador, Andrew Ritchie.

Los comienzos no fueron fáciles, pero son una muestra más de que si confías en una buena idea, ésta al final trae su recompensa. Después de solicitar financiación a 30 amigos que pagaron por adelantado su bicicleta, Ritchie –jardinero de profesión– se puso manos a la obra para lograr su objetivo: fabricar bicicletas de calidad, cómodas y útiles para el ciudadano.

Hasta 1988 las Brompton se vendían directamente a sus clientes por encargo, pero en esa fecha sellaron un acuerdo con su primer distribuidor, Cyclework York, y desde entonces su fabricación se realiza de manera industrial. Actualmente producen más de 16.000 unidades anuales y la firma está presente en 42 mercados internacionales. Con todo, Brompton y su actual director, Will Butler-Adams, no han olvidado sus orígenes y además de los modelos ofertados, se puede adquirir una bicicleta a la carta, escogiendo entre diferentes equipamientos y colores. Es, sin duda, uno de sus valores añadidos.

En 1995 Brompton recibió el Premio de la Reina de Inglaterra al Mejor Producto de Importación. Como no podía ser de otro modo, su diseñador, Andrew Ritche, fue a recoger el prestigioso galardón a Buckingham Palace pedaleando su bicicleta personal. En 2006 se celebró en Barcelona el primer Campeonato del Mundo de Brompton.

Desde Brompton ponen todos sus esfuerzos en el desarrollo de la simbiosis entre ingeniería y diseño al servicio del localismo. Su filosofía no es otra que conseguir la bicicleta perfecta para el uso urbano. Y lo han logrado. La velocidad, el cuidado diseño y el plegado compacto convierten a la marca británica en la bicicleta líder en su rango, capaz de proponer una experiencia única y cómoda al usuario.