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La historia del traje

Estamos en época de ceremonias. Primeros rayos de sol que calientan de verdad, bodas, comuniones, cenas… momento sin duda para revisar el traje que cuelga de nuestro armario o acudir en busca de uno nuevo.

Buena oportunidad también para repasar la evolución del traje a lo largo del último siglo, desde los icónicos años 20, pasando por la aparición de los primeros hipsters en los 40, hasta llegar a la moda de los ejecutivos impecables de los 90. Pasen y lean:

 

El Gran Gastby de los años 20

En esta década priman las superposiciones, los trajes compuestos por varias prendas, chalecos… En los pantalones se llevaban dos tendencias: talle corto para mostrar los calcetines o los acabados más anchos tipo Oxford Bags.

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La influencia del cine en los años 30

Actores como Fred Astaire configuraron una moda por la que se estrecharon los trajes mientras las mangas y los bajos pasan a tener una forma cónica.

EE.UU llega en los 40

América, con su casual wear y su star sistem, comienza a vestir al hombre en sus ratos de ocio. Inglaterra vio entonces cómo su hegemonía se resquebrajaba. La influencia del jazz y de los gansters del cine configuraron los diseños de un traje hecho para los primeros hipsters, eso sí, con aires de dandi.

Los 50: la frescura llega de Italia

Después de la II Guerra, el traje retoma el corte de hombros anchos y grandes solapas. Será la irrupción italiana, con sus trajes más ceñidos, la que rompa el mercado diferenciando por primera vez la moda por edades.

60’s-70’s: la era del rock

Trajes más ajustados, de tres botones y solapas estrechas. Los cánones vienen impregnados de la estética de grupos como los Beatles o los Rolling Stones. La cultura rock, transversal, también dejó su sello en la moda.

Rolling Stones concert dates

Llegan los aires de triunfador

Los últimos años de los 80 y, sobre todo, los 90, configuraron un traje como símbolo de éxito y distinción. Ejecutivos impecables, reflejo de la bonanza económica, aunque, eso sí, recuperando cierto glamor del Hollywood de los 40.

Savile Row, la cuna de la sastrería

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Los buenos amantes del fútbol sueñan con vivir algún día el ambiente de un partido en la Bombonera (Boca Juniors), un estadio que en los días grandes ‘no tiembla, late’. Los admiradores del tenis sólo conciben la belleza total de su deporte bajo el influjo de la hierba de Wimbledon… ¿Y los de la moda? Savile Row, legendaria calle londinense, cuna del bespoke, es un lugar ineludible.

La ilustre calle de Salvile Row, situada en el barrio de Mayfair, uno de los más distinguidos y señoriales de Londres, fue construida entre 1731 y 1735. Sus escasos metros son considerados la meca de la sastrería mundial gracias a la importancia que adquirieron sus talleres y los artesanales diseños que acabaron luciendo las personalidades más representativas del mundo de la política y la cultura a partir de mediados del siglo XIX.

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Tres nombres clave ilustran el misticismo de Savile Row, un icónico lugar donde la magia de trabajar sin la presencia de una sola máquina –todo se diseña y confecciona a mano– sigue impregnando sus señoriales edificios llenos de historia:

James Poole, el pionero. Heredero de la industria que elaboraba los uniformes militares a los ingleses, fue el primero en abrir un taller en Savile Row en 1846. Nueve años después, el príncipe de Gales le hizo un encargo que lo situó en el escaparate mundial. Pero no sólo a él, sino a la calle. Todos los sastres de renombre quisieron estar ahí. Si Poole había triunfado, ¿por qué no ellos? James Poole hubo de diseñar una chaqueta para las cenas informales del príncipe, lo que le abrió las puertas para vestir a otras personalidades como sir Winston Churchill.

Hardy Amies, el innovador. Abrió su taller en 1945, justo al término de la II Guerra Mundial, y cinco años más tarde, se le encargó el diseño del armario personal de la reina Isabel II. Nunca antes había trabajado en la confección para mujeres. Amies acabaría inventando sin saberlo el estilo power dressing, que tiene entre sus valores la sobriedad y la funcionalidad de las prendas.

Tommy Nutter, el transgresor. O aperturista, como se quiera ver. El caso es que a partir de 1968 y bajo la clara influencia de los Beatles –hasta el punto de que uno de los managers de la banda, Peter Brown, le financiaba–, Nutter decidió apostar por solapas anchas, el terciopelo y un look que suponía toda una vuelta al calcetín de lo estricto concebido en moda masculina hasta entonces. Savile Row dejaba de estar presente sólo en los salones más selectos para triunfar también en las salas de conciertos.

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Hace 10 años se fundó la Savile Row Bespoke Associaton, una especie de sindicato creado para proteger y desarrollar el arte del traje tal y como se concibe en este rincón imprescindible de la moda. En la actualidad, sus talleres  realizan alrededor de 10.000 trajes anuales que llegan a facturar alrededor de 30 millones.

Y no sólo de trajes vive Savile Row. ¿Recuerdan el concierto que los Beatles dieron por sorpresa en el tejado de un edificio? Pues sí, era el número 3 de esta calle… pero esa es otra historia…

 Existe numerosa bibliografía sobre Savile Row y su aportación a la sastrería. Te recomendamos dos libros imprescindibles:

http://www.amazon.es/Bespoke-Savile-Row-Ripped-Smoothed/dp/1847394566/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1396346124&sr=8-1&keywords=savile+row

http://www.amazon.es/The-Savile-Row-Story-Illustrated/dp/185375000X/ref=sr_1_27?ie=UTF8&qid=1396346163&sr=8-27&keywords=savile+row